Platón

(427-347 a.C.)

Vida y obra

Nace y muere en Atenas. Su nombre era Aristocles, pero se le conoce por el apodo de Platón, que significa 'el de anchas espaldas'. Perteneció a una familia aristocrática y recibió una educación esmerada con el fin de prepararle para la vida política a la que parecía estar destinado. Durante la vida de Platón muchas fueron las vicisitudes políticas y los cambios de gobierno en Atenas. Nace el año que muere Pericles, por lo que conoce la época de pérdida de esplendor de Atenas y el desvanecimiento del espíritu democrático, la libertad y apertura de pensamiento que caracterizaron su época de máximo esplendor intelectual y artístico. Platón vive la experiencia decepcionante de los demagogos y, tras la guerra del Peloponeso, el gobierno de terror de los Treinta Tiranos. La democracia se restauró como sistema de gobierno, pero nunca volvió a ser la que fue. El resentimiento provocado por la división social entre los aristócratas y el resto de ciudadanos provocó que la vida política quedase reducida a una cuestión de ambición personal. El individualismo y la búsqueda del interés propio fueron imponiéndose en la conciencia de los atenienses frente a la búsqueda del bien común, y la democracia fue derivando hacia una ‘demagogia’ en la que la justicia termina identificándose con lo que conviene al poder, y en especial al poder del más fuerte. Todo ello, junto a la crisis económica que azota el siglo IV a.C. (falta de cultivos, descenso del comercio y sangría económica producida por los gastos militares), produjo un aumento de las diferencias sociales y generó el ambiente para que surgieran conflictos entre la población. El resultado fue la degeneración de la democracia que le tocó vivir a Platón.

Un hecho que marcó la vida de Platón como ningún otro a la hora de decidirse a dedicarse a la filosofía y dejar de lado sus aspiraciones políticas en Atenas fue la muerte de su maestro, Sócrates, tras ser condenado a muerte por impiedad. Tras esa experiencia, Platón desconfía de la reforma moral de los ciudadanos a través del cultivo de la razón y defiende que sean los sabios quienes dirijan la ciudad, pero sus intentos de llevar a cabo ese ideal de gobierno en Siracusa (Sicilia) acabaron mal. Tras regreso a Atenas fundó la Academia y se dedicó a la enseñanza. Con el acceso al trono de Macedonia del rey Filipo, padre de Alejandro Magno y amante de la cultura griega, vendrán nuevos tiempos comenzando el fin de las ciudades-estado como sistema de organización política.

Obra. Entender a Platón no es fácil porque solo contamos con los diálogos, que no son tratados sistemáticos, sino obras de marcado carácter literario. Han llegado hasta nuestros días todos los que escribió, aunque la autoría de algunos no está clara. Se suelen distinguir entre diálogos de juventud (socráticos), diálogos de transición, diálogos de madurez (entre los que están algunas de sus obras más importantes como el Fedón, el Banquete, la República y el Fedro) y los diálogos de vejez (o periodo crítico). Pero no hay consenso sobre el periodo al que pertenecen algunos diálogos. Han quedado también algunas cartas, sin que tampoco esté clara la autoría de todas ellas, siendo la más famosa la séptima de ellas. No nos han quedado los resúmenes de su enseñanza oral en la Academia.

Platón se revisó continuamente a sí mismo y a sus propios diálogos, que quizás también pueden ser interpretados como discusiones que pudieran haber surgido en su Academia. Platón, además, usó con frecuencia mitos, inventados o modificados por él mismo, para exponer su pensamiento acerca de los más trascendentales temas. Él mismo los consideró como 'conjeturas verosímiles' y no deben ser tomados al pie de la letra. En ellos, no resulta fácil separar el contenido esencial del revestimiento literario.

Influencias

Parménides y Heráclito. En su teoría de las ideas, Platón intenta resolver la oposición de las dos principales concepciones metafísicas de la época, el estatismo de Parménides y el dinamismo de Heráclito. Para ello debe explicar lo que tienen en común pensamiento y realidad, la relación que media entre el cambio visible y el conocimiento de las esencias al que parece que podemos llegar a través de la razón. En cierto modo, Platón está más cerca de Parménides, otorgando un mayor grado de realidad a las ideas, pero también cree que el mundo sensible posee cierto grado de realidad en función de la medida en que las cosas materiales imitan la forma o participan en alguno de los grados de perfección de las ideas.

Pitagorismo y orfismo. De los pitagóricos Platón toma uno de los modos en los que pensamiento y realidad parecen estar relacionados. Lo real se hace comprensible a la razón mediante los números, que son las esencias inmutables. Del mismo modo que la realidad pitagórica depende de armonías numéricas, para Platón los distintos seres existen en función de distintos grados de participación en una realidad ideal o inmaterial que sirve de ejemplo y modelo. Serán las ‘ideas’. Por otro lado, pitagorismo y orfismo tenían una dimensión mistérica ligada a una concepción de la realidad humana peculiar dentro del mundo griego que concibe el destino del ser humano ligado al futuro del alma tras la muerte. Según esta visión el cuerpo no sería más que una 'cárcel' que el alma ocupa de manera temporal. El alma podrá reencarnarse y deberá purificarse para regresar al mundo divino del que procede. En Platón encontraremos también estas creencias.

Sócrates. De Sócrates tomó Platón la importancia del concepto, la importancia de las definiciones como medio para expresar la esencia de algo y, en especial, la esencia de las virtudes. Ambos entienden el conocimiento como un proceso mediante el que se eliminan los aspectos contingentes de cierta realidad. Ahí estaría una de las fuentes de la noción de idea, aunque debemos subrayar que para Platón dichas ideas no son contenidos mentales o pensamientos, sino esencias que existen realmente. Con todo esto, se considera que Platón hereda el rigor moral de Sócrates y su antirrelativismo. La aspiración final de su filosofía, tanto a nivel individual como social, sería el bien, la justicia o la belleza, en tanto que ideas supremas que pueden llegar a ser conocidas por el ser humano.

La teorías de las ideas y el dualismo

El núcleo de la filosofía platónica es la teoría de las ideas. Desde ella debemos enfocar todos los temas que trata en sus diálogos, pues es la base metafísica de su pensamiento (lo que marca su visión del ser y de la realidad en su conjunto). Es una teoría dualista, tiene por base la división de la realidad en dos mundos radicalmente diferentes: el sensible y el inteligible. De entrada esto puede parecernos una hipótesis fantasiosa, pero debemos entender las circunstancias o reflexiones que llevan a Platón a elaborar esa visión de la realidad.

  1. Como discípulo de Sócrates, Platón comparte la crítica al relativismo y escepticismo de los sofistas. Considera que hay un conocimiento cierto, una verdad universal que constituirá el principal objeto de nuestras indagaciones. En relación con esa verdad universal buscamos las definiciones que expresan la esencia de las cosas y, sobre todo, la de los conceptos de tipo moral. Para Platón no podríamos llegar a tales definiciones únicamente mediante la percepción de los seres sensibles, pues no es posible dar una definición común de cosas que cambian continuamente. Las definiciones han de provenir y deben dar cuenta de otro tipo de seres a los que llamó «ideas». En los primeros diálogos busca sobre todo la definición de virtud y comparte el intelectualismo moral de Sócrates, que considera que es necesario (y suficiente) conocer qué es el bien para obrar bien. Cree que debe haber algo común a todos los actos virtuosos y, en lo más alto del escalafón de la virtud o de las virtudes pone la idea abstracta de bien (el bien en sí). Si hay cosas que nos parecen 'buenas', 'justas' o 'bellas' es porque también existen el bien, la justicia y la belleza en sí mismas, al margen de las cosas concretas que vemos, sentimos o pensamos.
  2. La teoría de Platón surgió también de la reflexión sobre la verdad, concretamente la verdad matemática. Las verdades matemáticas son independientes de la experiencia y de la estructura psíquica del ser humano. Por ejemplo, la suma de 2 y 2 es 4 con independencia de que haya o no personas que piensen o conozcan dicha igualdad. El conocimiento matemático es un conocimiento universal y necesario, y para que sea universal y necesario es preciso que no se fundamente en las cosas del mundo sensible sino en realidades igualmente universales y necesarias, las ideas matemáticas.
  3. Platón también se fija en el uso de los mismos términos para designar cosas distintas. Llamamos 'árbol' tanto al abedul como al chopo. Asimismo, tampoco hay dos abedules iguales entre sí. ¿Qué hace posible que podamos usar la misma palabra para distintas cosas? Quizás la semejanza entre ellas... pero Platón cree que hace falta algo más: una realidad distinta a las palabras y que es común a un conjunto de cosas. La idea de árbol es una idea que no está sometida a las condiciones empíricas del aquí y del ahora y por eso es común a los diferentes árboles. Esa idea existiría tanto si solo hubiese un árbol como si no existiese ninguno. Podemos preguntarnos dónde queda la idea de árbol si todos los árboles y todos los seres humanos desaparecen. Para Platón la idea de árbol permanecería invariable e intacta incluso en un caso extremo como ese.

Las ideas. La teoría de las ideas se formula de manera diferente en distintos momentos del pensamiento de Platón. Pero, al margen de los matices que surgen de la lectura de diferentes diálogos, lo crucial es entender que las ideas son esencias o entidades que tiene una existencia propia, real e independiente de las cosas. Son ‘en sí’ y ‘por sí’. Son captables con la inteligencia, es decir, inteligibles, pero no debemos entender que son contenidos mentales o pensamientos, sino más bien como entes o modelos 'ideales' que existen al margen de cualquier pensamientos concreto y de cualquier conocimiento que podamos tener de las mismas. Es conveniente verlas como los paradigmas o arquetipos a los que se ajusta la realidad sensible (un poco como los planos a los que se ajusta la construcción de una casa).

Las ideas presentan buena parte de los caracteres con los que Parménides definía el ser (son simples, inmutables, inmateriales, eternas y universales). Por eso el mundo inteligible es más real que el sensible. Es la verdadera realidad, lo que evita que se produzca el caos o que el bien sea relativo a las circunstancias de tal o cual persona u ocasión. La belleza y la justicia que percibimos en el mundo precisan de un punto de referencia estático, eterno. Para un relativista lo que es bello hoy puede ser feo mañana. Eso es inaceptable para Platón. Las ideas son designadas mediante palabras cuyos conceptos o definición son el objeto principal del conocimiento. El objetivo es que el rey-filósofo las conozca para guiar al resto de personas y de este modo lograr una ciudad en paz y armonía. Frente a ellas, el mundo sensible es el mundo terrenal y material, formado por seres particulares y concretos que son múltiples, diversos, corruptibles, mudables, imperfectos.

Jerarquía de las ideas. De lo dicho con anterioridad ya sabemos que el mundo de las ideas es el mundo real y perfecto, pero no todas las ideas tienen el mismo valor o están al mismo nivel. Están ordenadas según una jerarquía: en la cúspide suele situarse la idea de bien, pero las de belleza, justicia, ser, etc. están prácticamente al mismo nivel. En un nivel inferior encontramos las ideas matemáticas y la parte inferior estarían las ideas menos generales, las correspondientes a los seres u  objetos del mundo físico. No todas las ideas tienen igual valor o peso en la configuración de lo real. Unas tienen una mayor capacidad de determinación o influencia sobre los niveles inferiores. Como la belleza está en un nivel superior puede decirse que hay caballos bellos, pero también otro tipo de cosas bellas.

Jerarquía de las ideas
Por debajo de la idea de Bien, podemos ir situando una jerarquía de ideas. Primero vendrían ideas próximas a la de Bien: 'Justicia', 'Belleza', 'Ser', 'Uno'. Luego vendrían las ideas de relaciones y matemáticas: 'Unidad', 'Dualidad', 'Igualdad', 'Triangularidad', etc. Y finalmente, las ideas de esencias naturales, como 'Hombre', 'Murciélago', 'Fuego', 'Abeto', etc.

Demiurgo.  ¿Cuál es la relación entre las ideas y el mundo sensible? Hemos dicho que son modelos, pero no queda claro cómo se relacionan ambos mundos. Es un tema complejo. En cierto momento Platón recurre a la figura mítica de un Demiurgo (un dios ‘artesano’) para explicar cómo las ideas determinan las cosas del mundo sensible. Al principio existiría una materia caótica e informe que sería modelada por dicho Demiurgo que, por habitar un lugar entre el mundo inteligible y sensible, es un dios que observa las ideas y trata de plasmarlas. Pero, como se le imponen las limitaciones propias de la materia, las cosas del mundo no pueden ser copias perfectas. El mito vale como marco de referencia general, pero también tenemos que tener en cuenta que Platón tiene unas rudimentarias ideas físicas que no deben dejarse de lado. Por ejemplo, relaciona el mundo matemático y el sensible haciendo corresponder cada elemento material básico (equivalente al arjé de los presocráticos) con cada uno de los sólidos perfectos.

Aquí distinguimos la dimensión teleológica y la dimensión ontológica de las ideas: teleológica quiere decir que son el fin hacia el que las cosas tienden, el ideal que se persigue (el Demiurgo intentando hacer la copia más perfecta), mientras que la dimensión ontológica hace referencia meramente al hecho de que existen por sí solas, con independencia del mundo.

Participación e imitación.  Participación e imitación son otros de los conceptos con los que Platón describe la relación entre el mundo de las ideas y el sensible. Platón usa estos dos términos en distintos lugares, sin dar una definición clara. Por eso debemos ser prudentes a la hora de explicarlos. En ocasiones pueden parecer intercambiables, pero podemos señalar cierta diferencia de matiz en relación con la jerarquía de las ideas: las ideas superiores pueden considerarse más 'participadas' que 'imitadas'. ¿Por qué? Porque definen más propiamente una serie de niveles de perfección. Se dice que los seres concretos y materiales del mundo sensible participan en diversos grados de la perfección respecto a la idea de bien, belleza, etc. Esos distintos grados de participación son una de las razones por las que los seres sensibles son múltiples y diversos. Hay mejores y peores realizaciones de las ideas de acuerdo al menor o mayor grado de participación. El término imitación suele asociarse menos al cumplimiento de una virtud según cierto grado de perfección que a la realización de una imagen concreta, de un arquetipo material. Por eso podemos hablar con más propiedad de 'imitación' cuando nos referimos al modo en el que la apariencia de las cosas copia la forma de las ideas de los objetos sensibles que, como sabemos, son jerárquicamente inferiores.

Resumiendo: Platón usa estas dos expresiones para indicar este vínculo entre ambos mundos sin que quede completamente clara la diferencia. En varios diálogos (en particular en el Parménides) se lamenta de la inevitable y tal vez irresoluble oscuridad del problema, pero podemos entender cierta diferencia de matiz teniendo en cuenta que:
a. La noción de participación tiene un matiz más cercano al de la aproximación parcial o al de la influencia que puede presentarse en grados. Las cosas participan en diversos grados de perfección. Por ejemplo, de las cosas más bellas puede decirse que 'participan' más en la idea de belleza.
b. La noción de imitación nos remite más directamente a la semejanza de la forma física.

Ser humano: Alma y conocimiento

La visión que tiene Platón del ser humano es también dualista. Concibe al hombre como una especie de unidad accidental formada por dos realidades completamente distintas: cuerpo y alma. Es una unión 'accidental' porque el alma no está vinculada de forma necesaria a un cuerpo concreto. Sigue siendo la misma en sucesivas reencarnaciones. El alma está unida al cuerpo como el jinete está unido a su caballo o la nave al timonel, pero también como el preso está encerrado en su cárcel.

Platón ofrece diversas versiones acerca del origen y las vicisitudes del alma. Las almas salen de las manos del Demiurgo tomando éste como modelo a las ideas, con lo que contemplaron las ideas en esta primera preexistencia, después van a parar a un cuerpo concreto en el mundo sensible al perder sus alas. Tras esta primera encarnación peregrina unos 1.000 años, encarnándose sucesivamente en otros cuerpos. Al margen de los detalles concretos, lo importante es que, el carácter accidental de la unión de cuerpo y alma es relativo: nuestro comportamiento influye en el camino que sigue el alma tras la muerte. Esta idea, de claras influencias órficas y pitagóricas, se concreta en una concepción de la vida como purificación. Para entender mejor la noción de purificación es preciso entender la naturaleza tripartita del alma.

Naturaleza tripartita del alma. El alma tiene prioridad sobre el cuerpo, constituye nuestro yo, el verdadero ser de cada uno de nosotros, frente al cuerpo que es nada más que sombra y apariencia. Pero el alma humana no tiene una naturaleza homogénea. Platón distingue tres dimensiones o tendencias fundamentales dentro de la misma. Tenemos: (a) Una parte racional, que conoce y gobierna. (b) Una parte irascible, de la que son propios ciertos sentimientos nobles como el valor o la ambición. Y (c) un alma concupiscible en la que residen los apetitos y las pasiones. Las dos últimas  son consideradas irracionales y mortales.

Racional Irascible Concupiscible
Puro pensar, se ocupa de la contemplación suprasensible de la verdad y dirigir a las partes irascible y concupiscible Fuente de las pasiones nobles (valor, fuerzade voluntad, esperanza, ambición, ira, motivación, etc.) Fuente de las pasiones innobles (instinto de conservación y sexual, gula y placeres corporales en general)
Inmortal Mortal Mortal
Cerebro Tórax Abdomen

Purificación. Dentro de este esquema, la purificación del alma pasa por que la parte racional prime o domine sobre la irracional (pasiones, sentimientos y deseos) y llegue a la contemplación de la verdad y las ideas supremas.  El cuerpo, como se ha dicho, tiene un valor negativo. Es la 'cárcel' del alma, en buena medida porque crea necesidades a la misma e impide la búsqueda de la verdad. Así pues, en la relación entre ambos, el cuerpo es una pesada carga de la que tiene que liberarse el alma poco a poco para tener acceso a la contemplación de las ideas, por lo que debemos evitar el empuje que conduce al alma a tener posesiones materiales y ambicionar cosas en el mundo sensible, deseos que conducen a la guerra y la violencia. La teoría del cuerpo como estorbo para el alma se matiza en el Timeo al afirmar Platón que puede estar en perfecta armonía con el alma, pero no hay duda de que para Platón el alma debe 'gobernar' el cuerpo.

Los argumentos de Platón para defender la inmortalidad son: (1) la 'anamnesis': el alma recuerda las ideas conocidas anteriormente (Fedón, 7), (2) la simplicidad: el alma es simple, sólo se corrompe lo que tiene partes (República, 608), (3) el automovimiento: el alma quiere decir vida, principio de movimiento que proviene de ella misma y no del exterior.

Mito del carro alado.  Esta concepción del alma y el cuerpo queda expuesta en varios mitos. Uno de ellos es el del carro alado. El alma es representada por un carro pilotado por un auriga (que simboliza la razón) y movido por dos caballos, uno de los cuales representa el 'ánimo' (pasiones positivas) y el otro el 'apetito' (deseo), el cual arrastra al alma hacia el mundo sensible en el que termina cayendo atraído por los placeres.

El conocimiento

Hemos visto que el conocimiento es un tema crucial para Platón. De él depende la purificación del alma. ¿Cómo nos es posible conocer las ideas, si pertenecen al mundo inteligible, distinto del mundo material en el que vivimos encerrados? Platón lo explica a través de tres aspectos esenciales de la teoría de las ideas que posibilitan su conocimiento: (a) las cosas imitan o participan de las ideas, (b) el alma es una realidad intermedia entre las cosas y las ideas y (c) las ideas están en comunicación entre sí.

Reminiscencia (anamnesis). Según la teoría de la  'reminiscencia', para Platón conocer es recordar las ideas que nuestra alma ya tenía pero ha olvidado. La verdad se recuerda, no se enseña. Esto es posible porque el alma racional del hombre preexistió en el mundo de las ideas. De allí cayó al mundo terrenal, como narra el mito del carro alado, y fue atrapada por el cuerpo, olvidando las ideas en el momento de nacer.

Alegoría de la línea. Sin embargo, una presentación más completa de lo que Platón entiende por conocimiento se nos presenta en la alegoría de la línea. La línea es tanto la representación de su visión dualista de la realidad como la del carácter gradual del conocimiento, así como la relación entre los aspectos ontológico (realidad) y epistemológico (conocimiento):

Ontología (tipo de seres) Epistemología (tipos de conocimiento)
Mundo sensible Opinión [doxa]
Sombras, imágenes de imágenes Imaginación [eikasía ]
Objetos sensibles Creencia [pistis ]
Mundo inteligible Ciencia [episteme]
Entes matemáticos Razón discursiva [ dianoia ]
Ideas Inteligencia [ noesis ]

Al igual que existe una duplicidad en su metafísica, Platón distinguirá dos modos fundamentales de conocer: la doxa (opinión), el falso conocimiento que proviene de la percepción sensible de los seres concretos o aparentes del mundo sensible; y la episteme (ciencia o conocimiento universal y necesario), el verdadero conocimiento de las ideas trascendentes e inteligibles, el conocimiento de la verdadera realidad de las cosas que pertenece al mundo de las ideas y que se obtiene a través de la razón.

El filósofo usa para ayudar a recordar a otros la mayéutica (recordad cuando vimos el método socrático), que sería el arte por el cual mediante preguntas se hace reflexionar racionalmente al interlocutor, obligándole a recordar las ideas que su alma ya conocía pero que ha olvidado. De esta forma surge el proceso dialéctico de conocimiento que sigue nuestra alma racional para conseguir en último lugar el conocimiento de la idea de Bien, momento en que el conocimiento de las ideas es perfecto. La dialéctica pasa por los cuatro grados de conocimiento del símil de la línea, hasta llegar al conocimiento verdadero. Comienza con la doxa (opinión), que se divide a su vez en imaginación (eikasia: la percepción de las imágenes de los objetos sensibles) para pasar luego a la creencia (pistis: la percepción de los objetos sensibles y teorías sobre el mundo sensible). A continuación, y ya en la episteme (ciencia de lo universal y necesario), aparece la razón discursiva (dianoia: razonamiento de modelo matemático) y, como grado máximo, la intelección (noesis: contemplación o captación por intuición intelectual de las ideas).

El mito de la caverna.  Toda esta concepción del ser humano y del conocimiento queda representada  magníficamente en el mito de la caverna.

El amor platónico. La conocida expresión 'amor plátónico' proviene del lugar que Platón concede a este sentimiento dentro de sus obras, en especial en El Banquete. Platón se fija en la sensación de incompletitud que a veces nos invade y en el consiguiente anhelo o deseo que nos empuja a buscar ese algo que nos completa. Quien siente amor (eros) es alguien que no se siente ni plenamente completo (saciado o satisfecho, pues igualmente no notaría la carencia), ni alguien tan absolutamente vacío como para no sentir ningún deseo. Por eso Platón concibe al amor como hijo de la abundancia (Poros) y la escasez (Penia). Pero esas ganas de completarnos no solo nos remiten a alguien en tanto que 'media naranja'. Platón introduce esta visión del amor dentro de su concepción de la vida como anamnesis y purificación. El amor surge así como una forma alternativa a la dialéctica para acceder al mundo de las ideas. Se trata de un modo de acceso a las ideas superiores que no necesita tanto del discurso, de los conceptos, sino que tiene un carácter más intuitivo o emocional (a veces se habla de una 'dialéctica emocional'). Llegamos a la idea de belleza a través de la reflexión sobre la misma, pero también, de forma notable mediante la contemplación de los cuerpos y las cosas bellas (el arte). De alguna forma Platón considera que cuanto más profundizamos en la búsqueda de abstracciones y generalizaciones cada vez mayores, más difícil resulta, de manera que los grados más elevados del mundo de las ideas son difíciles de capturar conceptualmente, y respecto a ellos caemos en lo emocional; el eros y los mitos son más apropiados para esos grados elevados que casi exceden los límites de nuestras capacidades de conocimiento. El amor va ascendiendo en un proceso por grados de contemplación de la belleza: se comienza amando un cuerpo bello, de ahí se pasa al amor por la belleza de un alma humana particular, a continuación se ama la belleza de las almas humanas manifestada en acciones nobles, y se termina amando la belleza del cosmos en general, para terminar contemplando la idea de belleza o bien. Tanto por el conocimiento intelectual como por el amor nos trascendemos más allá de lo presente.

Ética

Lo más importante de la ética platónica es comprender cómo cada parte del alma tiene una virtud principal y que la idea suprema de justicia es en cierto modo el equilibrio armónico de las distintas virtudes. Veremos las consecuencias que eso tiene en la política también.

Las partes del alma guardan estrecha relación tanto con la concepción ética de la vida virtuosa como con la concepción política del estado ideal. La virtud en Platón tiene múltiples manifestaciones:

  1. Sabiduría propia del conocimiento (contemplativo) del Bien, la Belleza y la Justicia.
  2. Purificación: el hombre virtuoso es el que purifica su alma de todas las pasiones, los sentimientos y deseos y se desprende del cuerpo para tener acceso al mundo de las ideas (concepto de resonancias pitagóricas).
  3. Armonía: hombre virtuoso es aquel en el que se equilibran la parte racional con la irascible y concupiscible, cuando cada parte ejercita la virtud que le es propia. De la armonía entre las partes surge la justicia cuando cada una realiza su función y todas se someten al alma racional, el auriga del carro alado. Así, a cada parte del alma le corresponde una virtud que ejercitar: a la concupiscible guiada por el apetito, el deseo y la sed de posesión la templanza, a nuestra parte irascible apasionada y asiento del orgullo y la violencia el valor o fortaleza, a la racional que realiza una actividad estrictamente intelectual la sabiduría o prudencia. La justicia consiste, precisamente, en el orden y equilibrio de esas partes.
Tipo de alma Virtud
Racional Prudencia o sabiduría
Irascible Valentía
Concupiscible Templanza o moderación

Pensamiento político

A partir de su concepción de la realidad Platón elabora un modelo de ciudad perfecta, ideal y justa, una en la que pueda vivir un hombre justo como Sócrates sin temor de ser condenado al ostracismo o a la muerte.

Existe un paralelismo entre las condiciones que hacen al ser humano virtuoso y la ciudad justa. A cada uno de los grupos sociales que componen la ciudad le corresponde una virtud propia, porque prima en ellos una de sus tres almas con su correspondiente función. Al igual que la justicia es el orden o armonía entre las tres partes del alma de una persona, el orden político ideal se alcanza cuando hay un equilibrio entre clases sociales. Cada ciudadano pertenece al estamento al que le corresponde según la parte del alma dominante y deberá practicar la virtud que le es propia. La justicia es una virtud común a todas las clases, ya que es el resultado del acuerdo entre gobernantes y gobernados acerca de quién debe regir el Estado y el papel que a cada cual le corresponde según lo que mejor le conviene a cada uno por naturaleza. Ésta es la ciudad perfecta. Se observa en ella lo que hoy entenderíamos como cierta división social del trabajo:

  1. La clase de los productores se ocupará de abastecer la polis. No todos producirán lo mismo, sino que se especializarán en actividades y ocupaciones (no son, por tanto, autosuficientes). Dentro del esquema de conocimiento, los ciudadanos productores se contentan con la percepción o creencia (pistis) y con la conjetura (eikasía), es decir, se quedan en el ámbito de la opinión.
  2. Al aumentar de tamaño la ciudad aparece la necesidad de mantener el orden, de guerrear y defenderse, la necesidad de mantener la paz. Ahí entran en juego los guerreros o guardianes. Se supone que los guardianes auxiliares, cuyo ámbito propio lo constituye el pensamiento discursivo (dianoia), dominan el análisis y la síntesis, propias del método matemático. Al tener fuerza y poder  los guardianes pueden: (a) ser servidores de la polis y defenderla de sus enemigos o (b) convertirse en amos de la ciudad y apoderándose de ella, sin llegar a gobernarla de la mejor manera posible. De ahí que sea necesario un tercer estamento:
  3. Para que todos los ciudadanos cumplan su papel se necesita a los gobernantes filósofos, que deben  gobernar buscando el bien común. En la ciudad-estado platónica no se contempla una división de poderes, por lo que el papel del 'rey filósofo' será central y reunirá en su figura todos los poderes: toma de decisiones, poder judicial, administrativo... Los sabios o filósofos son los más aptos para gobernar la ciudad justamente por poseer el verdadero y supremo saber intuitivo (noesis) del bien en sí y del ser en sí son los que gobiernan la ciudad atendiendo a la contemplación del bien y del ser. Cuando el rey-filósofo ha conocido la Verdad, ha contemplado las ideas y en concreto la idea de Bien, hará lo que es justo y gobernará conforme a ellas por él mismo y por los demás. Está en juego su alma, el que consiga acercarse cada vez más a las ideas y a la razón mediante la armonía de sus tres partes del alma, para poder volver al mundo de las Ideas.

Vemos que la jerarquía de la ciudad está ordenada según los grados de saber, pero ¿cómo sería la ciudad gobernada por los filósofos?

Un problema importante según Platón sería que unos pocos ciudadanos se enriquezcan demasiado, pues las grandes riquezas rompen el equilibrio y la unidad de la polis, buscando cada individuo sus propios y distintos intereses. Hay que cuidarse de los guardianes o guerreros, ya que dirigen lo público y se ha de buscar que cada parte permanezca subordinada al todo, es decir, que cada cual ocupe su lugar y realice su función.

  1. Tanto guardianes como gobernantes deben renunciar a la propiedad privada y, con ella, a todo tipo de riquezas o lujo material. Deben atender al bien público única y exclusivamente, dejando de lado sus intereses personales. Los asuntos públicos no pueden administrarse con criterios que pertenezcan a la esfera privada porque ésta es la razón, entre otras, de la corrupción. Esto es lo que a veces se conoce como ‘ascetismo de la élite’ o incluso ‘comunismo platónico’. Es radical hasta el punto de considerar que los guardianes o gobernantes no deberían tampoco tener familias propias. En lugar de ello, compartirían todo en común, incluidos bienes materiales y responsabilidades familiares, para evitar la corrupción y el egoísmo que surgirían del deseo de riquezas o intereses personales. Este modelo busca asegurar que los líderes se concentren exclusivamente en el bienestar de la comunidad y no en sus propios intereses, promoviendo así la justicia y la cohesión social.
  2. La abolición de la familia o la casta para que no haya puestos hereditarios y todos sean educados de tal manera que, los que por naturaleza deben gobernar gobiernen, ocupando la clase social que por naturaleza (ejercitando la virtud propia del alma que predomine en ellos) les corresponda.
  3. Los guardianes no son gobernantes despóticos, sino que se supone un poder aceptado por artesanos, campesinos o comerciantes. Aquí entra en juego, para asegurar esta aceptación: (a) el papel de una buena educación que inculque a todos los miembros de la ciudad una correcta noción de jerarquía natural y verdad de los valores, y (b) el respeto al saber de los mejores. La educación sería igual para todos durante los primeros años y tendría el cometido de descubrir el alma predominante en cada persona.

Las ciudades imperfectas o reales según la escala de valores que rige su vida, son según el orden creciente de perversión las siguientes, según nos explica Platón:

Aristocracia. El poder está en manos de los mejores. Es la mejor forma de gobierno, la que más se corresponde con la idea del filósofo-rey. Al ser los únicos capaces de conocer las verdades eternas y el bien en sí mismo, los filósofos están mejor capacitados para gobernar con justicia y sabiduría. A través del conocimiento de las ideas, especialmente la del bien, pueden tomar decisiones basadas en el interés común, en lugar de en intereses particulares o impulsos emocionales. Para Platón, un gobierno dirigido por filósofos garantizaría una sociedad ordenada y justa, guiada por la razón y no por el poder o las pasiones.

Timocracia. El poder está en manos de los valientes, los valores máximos serán la valentía y el honor. Como no gobiernan para servir a la comunidad se apoderarán de los bienes de los ciudadanos y los reducirán a servidumbre, formando una casta hereditaria de señores guerreros. Ya no interesa la filosofía, sino la formación y disciplina de los cuerpos. Ejemplo: Esparta. Es preferible a los siguientes porque aquí reinan valores más nobles, según Platón.

Oligarquía. El valor fundamental es la riqueza, el elemento irascible del alma está contaminado por la parte concupiscible. El oligarca de hecho quiere el dinero aunque predique el honor y la sobriedad (cuanto más se estima la riqueza menos la virtud). La ciudad oligárquica encierra dos: la de los ricos y la de los pobres. Por esta razón, la polis estará desgarrada por la lucha de clases. Los pobres no se contentarán únicamente con quejarse de los ricos, un día pasarán a la acción e impondrán la democracia.

Democracia. Hay una falta completa de unidad y cohesión. El valor fundamental es la libertad, que es para Platón entendido como libertinaje. El hombre democrático se entrega a placeres necesarios e innecesarios, no conoce la moderación y es relativista. Como supone que libertad es hacer lo que le venga en gana, ésta degenera en indisciplina y anarquía. En democracia triunfa el deseo insaciable de lo que se considera el supremo bien: la libertad, y es lo que causa su ruina.

Tiranía. Engendrada por la degradación de la democracia, incapaz de autodisciplina (el pueblo necesita un líder para dirimir sus internas disensiones, hasta hacer a uno omnipotente). En democracia los ciudadanos ante el más mínimo intento de sujeción se rebelan y terminan por despreciar las leyes para no tener ningún señor. Caen así primero, en manos de los demagogos y, segundo, en manos del tirano. Es decir, de la extrema libertad surge la mayor y más atroz esclavitud. La tiranía es el régimen del miedo y del crimen, de la corrupción y del soborno. El alma del tirano está dominada por su parte más baja (alma concupiscible), por la bestia feroz que habita en cada uno de nosotros. El alma del tirano no es libre, es esclava de sus pasiones.

La ciudad perfecta es esa en la que en el Estado y en el hombre gobiernan la razón y se contempla el bien en sí mismo; las ciudades imperfectas son aquellas en las que la jerarquía u orden natural se pervierte, en lugar de la sabiduría domina y rige la ambición, la búsqueda de placer y, a raíz de ello, también la violencia y el crimen.